La herida original


“Cuando comenzó el romance del Sol con la Tierra, la existencia era apenas una expectativa.
Allí donde la nada era insondable, goce y deseo crearon algún borde. Se quisieron con la inocencia de inexpertos amantes, donde el yo era el tú y el tú era el yo. Descubrieron ilusiones en la armonía. Crearon sus proyectos. Más de un millón de noches retozaron bajo lunas naranjas y dieron vida a sus hijos: los ríos y los mares, los glaciares, las selvas, las dunas y…”


 

“Pero también están esos otros, los que durante la vigilia no deparan en su cavidad, pero en sus sueños y fantasías, disfrazan al vacío de mariposa o estrella. Una canasta con semillas y frutas puede ser la apariencia de lo escaso. Un beso envuelto en una túnica blanca, el velo opaco de lo real. Un colibrí encendido de colores perpetuos, la futilidad de las cosas. O no. Tal vez no sea nada de eso. Son muchos los ropajes de la ausencia.”