Fantasma cuento

Me desprendí de las posesiones heredadas y propias. Rapé mi pelo como señal de purificación y corté antiguas relaciones. Decidí no tener noticia alguna de mi familia de origen. Convertido en marinero zarpé hacia otros puertos, en busca de aire fresco.
En altamar decidí que ya era libre. Voceé la palabra libertad, al tiempo que dos gaviotas rondaron cerca de la barca. Arribé a tierra firme y aluciné que era casa. Conocí a la misma familia que había dejado mar atrás. Sin poder evitarlo, sentí amor por la mujer que había abandonado en la otra orilla. Encontré los amigos que me habían defraudado. Idénticos acontecimientos se sucedían en las antípodas de mi vida anterior. No sé cuánto fue el tiempo de estancia que estuve varado en estas tierras, sólo puedo medirlo por el largo de la barba y la extensión de las uñas, enroscadas sobre sí y endurecidas como rocas.
Nuevamente, me corté el pelo y las uñas. Zarpé en busca de otros horizontes. Hallé una isla virgen de humanidad. Creí estar solo. Sin embargo, oí ruidos entre las malezas de la exuberante vegetación. Seres que habitaban con el sigilo salvaje de la selva, eran sus dueños. Cercanos a los primeros homínidos, la cultura, apenas había rozado su naturaleza.
Conviví en la pequeña comunidad en un rol privilegiado entre la fascinación y la magia que produjo en mí ese extraño encuentro. Ahondé lazos con el jefe de la tribu, conocí a una bella Lucy y tuve descendencia. Hice amigos que fueron una suerte de pares fraternos.
Pasaron los años y descubrí, con la desazón de un naufragio, cómo uno a uno los fantasmas volvían a reproducirse en la isla encarnando nuevamente en cada uno de los mismos personajes de mi vida.
 




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